Nunca he probado los arándanos.
Ni las berenjenas.
Ni la tristeza de verte ir.
lunes, 29 de febrero de 2016
viernes, 12 de febrero de 2016
Tengo un recuerdo atascado en unas canciones que no puedo descifrar. No sé de dónde viene ni cómo se siente. Estoy segura de que no quiere nadie enterarse de esto, pero escucho una y otra vez las canciones que se mezclan con mi angustia y mi felicidad y simplemente no puedo pensar qué será.
Cuál es el recuerdo que no quiero traer de vuelta. Cuánta pena tuve el día que escuché estas canciones. Cómo desarmé mi vida mientras canté.
Cuál es el recuerdo que no quiero traer de vuelta. Cuánta pena tuve el día que escuché estas canciones. Cómo desarmé mi vida mientras canté.
lunes, 1 de febrero de 2016
Carruseles
Siempre se trata de hablar de otros y hace tiempo escribí sobre Clara y Gabriel.
Se va dibujando la carretera larga y monótona con el andar de las cuatro ruedas. De cada vuelta brota tinta que dibuja un camino perfecto. Como un pulpo. Cada vuelta de las ruedas feas y ya usadas era un pasito para el final feliz que se venían dibujando hace años.
Gabriel era un tipo común y corriente, muy normal, nada especial. Quiso escribir y nunca lo hizo, quiso viajar y se quedó, quiso un perro toda su vida; tiene un gato blanco. Le limpia la arena día por medio y duerme abrazado a él. Lo encontró en una caja cerca de la plaza Yungay. Salió con alguien y se perdió por ahí. Eran las 8 de la mañana y escuchó unos maullidos cerca del paradero. Tomó uno de los cinco gatos y pensó “Y ahora qué nombre le pongo a esta cosa”, pero se lo llevó y lo quiso. Lo quiere.
Maneja concentrado en la ruta. Odia que los lentes le resbalen por la nariz. Odia aún más los lentes de contacto, por eso usa estos que casi no pesan, pero sí se caen. Son café. Café y celeste. Se muere de ganas de escuchar algo de música pero Clara duerme y él maneja mientras el paisaje no cambia. De vez en cuando piensa en cómo sería tener un accidente. Algo trágico y fatal con algunos muertos y muchos heridos. Ser protagonista y que la gente lo vea y así todos quienes lo odiaron alguna vez sentirían remordimiento. Quizá esa sería la única manera de que su papá le volviera a hablar. De vez en cuando piensa en algún terremoto, o un temblor fuerte, o el fin del mundo. Cualquiera parece ser mejor opción que nada. Piensa en lo bien que se sentiría si alguien llamase para preguntar por él y por el gato que aún no tiene nombre. Le maulla para llamarlo. Según Gabriel, es su superpoder. El accidente trágico que piensa es solo para saber qué pasaría si no estuviera y darse cuenta de que en realidad todo seguiría igual.
Para en el camino porque tiene que ir al baño. A Clara le cargan los hombres que mean en la calle. Le carga, principalemente, porque ella no lo puede hacer. Estuvo a punto de comprarse una cosa de silicona que le permitía hacerlo de pie. No lo hizo. No lo haría. Se queda con las risas que le dan los hombres pegados a los árboles y las paredes pensando que nadie los ve, en especial aquellos que se les ve el culo mientras mean. Qué asco, piensa.
Ellos no están juntos. Estuvieron juntos hace años pero no se aguantaban. Aun no lo hacen. Trabajan juntos en un laboratorio fotográfico de providencia. Se van todos los días juntos en micro o taxi. Nunca, jamás de los jamases, se irían en bicicleta. Clara las odia. Tiene una guardada con las ruedas desinfladas y la pata mala, pero no la volvería a usar.
Todos sus amigos creen que se aman. Lo cierto es que el secreto no es ese, porque ese ya todos los saben. El secreto es que también se odian. Por eso no están juntos, pero no se separan. Son vecinos en el mismo piso del mismo edificio. Compran juntos, salen juntos, a veces coquetean, se comen y tiran, pero no están juntos.
Ese era el problema de trabajar. Gabriel se aburría de estar siempre haciendo lo mismo, por eso ha tenido muchos trabajos. Pero desde que trabaja con Clara putea y despotrica todo el día, pero es feliz, a fin de cuentas. Es una pega estable, se va con ella y vuelve con ella. Cuando pelean se hacen la ley del hielo por unos días y todo vuelve a la normalidad. Oye, vamos por un café? le pregunta él. Yo no tomo café, deja de hablarme. Pero te tinca un chocolate caliente? Un submarino y medialunas, ya poh, vamos. Ya bueno, pero déjame trabajar tranquila, no me hables hasta las cinco.
El problema de trabajar era que no le gustaba. A él le gustaba Clara y esa era la única razón. Y a Clara le gustaba la plata y el guardia que abría las oficinas en la mañana. También le gustaba Gabriel, pero ella es misionera del amor libre e intentaba evangelizar al mundo. Al final todos creían que estaba loca o que era puta. Ella sabía que no y él la quería así.
martes, 17 de noviembre de 2015
Si miro atrás
La última persona que entró a este blog fui yo mismas hace unos días. Estaba buscando-me. Esperaba encontrar entre tantas letras algún signo, por muy infimo que fuere, de aquella persona que he sido, que había sido hasta unos años.
No lo encontré porque ya no existe. Y cuán orgullosa me siento de eso, ahora que lo pienso. Revisé entradas de hace un año, tres años, cinco años. Y siento que crecí. No de estatura, pero no es algo que me imoprte. crecí y me veo siendo tonta, sintiéndome como una estúpida, pensado que lo soy y sin hacer nada al respecto.
Me veo siendo infantil e hiriendo a otras personas. Me veo siendo herida y no decirle a nadie. Me veo y no entiendo nada.
Qué tonta.
No tengo certeza de que alguien te venga a leer, Macarena. Espero que no.
Te pido disculpas y te disculpo y con eso me desligo del pasado. Mi presente está muy llenito de amor, felicidad y honestidad como para hacerle a un lado.
No lo encontré porque ya no existe. Y cuán orgullosa me siento de eso, ahora que lo pienso. Revisé entradas de hace un año, tres años, cinco años. Y siento que crecí. No de estatura, pero no es algo que me imoprte. crecí y me veo siendo tonta, sintiéndome como una estúpida, pensado que lo soy y sin hacer nada al respecto.
Me veo siendo infantil e hiriendo a otras personas. Me veo siendo herida y no decirle a nadie. Me veo y no entiendo nada.
Qué tonta.
No tengo certeza de que alguien te venga a leer, Macarena. Espero que no.
Te pido disculpas y te disculpo y con eso me desligo del pasado. Mi presente está muy llenito de amor, felicidad y honestidad como para hacerle a un lado.
lunes, 17 de febrero de 2014
Mi segunda vez
Me pesan los respiros, me pesa la ropa, me pesa el pelo, me pesa el cuerpo.
Me escondo.
Me pierdo, pierdo, no gano, no encuentro, pienso, me pienso.
Me pesan los ojos, me pesan los pensamientos, me pesa la vida, me peso.
Me pesa el sueño que no logro conciliar hace tres días.
Sueño.
Me escondo.
Me pierdo, pierdo, no gano, no encuentro, pienso, me pienso.
Me pesan los ojos, me pesan los pensamientos, me pesa la vida, me peso.
Me pesa el sueño que no logro conciliar hace tres días.
Sueño.
martes, 29 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
Cuando se fue
Desperté ese día, cuando las cosas ya habían cambiado y sentí como el vacío llenaba de lado a lado mi habitación. En mis dientes anidé la melancolía que no pude comunicarle y paso a paso dejé que las cuerdas se fueran adelgazando hasta cortarse. La distancia se hacía cada segundo más pesada hasta que sus pupilas significaron un dolor tan grande que preferí dejar de mirarlas.
Desperté y el techo seguía siendo blanco, las paredes seguían siendo moradas, pero ella ya no estaba ahí. Nunca había estado en realidad. Quizás un día descubramos por qué yo no estaba hecha para estar con ella, porqué la quise y la quería y ella hacía que mi cuerpo tronara al ritmo de las orquestas en París. Pero París estaba demasiado lejos y ella y yo demasiado, y cuando digo demasiado quiero decir realmente demasiado cerca.
No desperté. No me movía. Ella ya no existía y en mi el vacío se hacía pleno. Había estado conmigo durante tantos segundos en mi vida que me costaba pensar en que ya no estabas ahí, pero los fantasmas se habían llevado su cuerpo y se habían tragado toda su felicidad.
Por mi rostro caían las palabras que no me esforcé por decirle, esas que se ahogaron entre la impotencia de verla llorar, y frente a mis ojos se escribía esta historia que estaba a punto de terminar.
Me levanté y deseé no verla más, nunca, nunca más. En todas partes podía sentirla, podía recordarla, podía pensarla, porque ella estaba presente en mis secretos, en mis caídas y en los cientos de vuelos que emprendí una y otra vez.
Ordené sus cosas, las junté y las guardé en dos maletas. Guardé ahí los recuerdo, los silencios. Guardé los abrazos y todas esas cosas que ella ya había olvidado y cuando salí las dejé en la puerta, por si un día las viene a buscar.
Yo la espero todos los días un poquito, a ver si deja la cobardía de lado y viene a abrazarme como lo hacía antes. Espero a que pregunte cómo estoy antes que yo, que tenga los cojones de pensar para ella, que vea que sigo aquí, no me he ido y no me iría. No me iré.
Pero hoy no vuelvas, porque no estoy.
Moriremos congelados.
Desperté y el techo seguía siendo blanco, las paredes seguían siendo moradas, pero ella ya no estaba ahí. Nunca había estado en realidad. Quizás un día descubramos por qué yo no estaba hecha para estar con ella, porqué la quise y la quería y ella hacía que mi cuerpo tronara al ritmo de las orquestas en París. Pero París estaba demasiado lejos y ella y yo demasiado, y cuando digo demasiado quiero decir realmente demasiado cerca.
No desperté. No me movía. Ella ya no existía y en mi el vacío se hacía pleno. Había estado conmigo durante tantos segundos en mi vida que me costaba pensar en que ya no estabas ahí, pero los fantasmas se habían llevado su cuerpo y se habían tragado toda su felicidad.
Por mi rostro caían las palabras que no me esforcé por decirle, esas que se ahogaron entre la impotencia de verla llorar, y frente a mis ojos se escribía esta historia que estaba a punto de terminar.
Me levanté y deseé no verla más, nunca, nunca más. En todas partes podía sentirla, podía recordarla, podía pensarla, porque ella estaba presente en mis secretos, en mis caídas y en los cientos de vuelos que emprendí una y otra vez.
Ordené sus cosas, las junté y las guardé en dos maletas. Guardé ahí los recuerdo, los silencios. Guardé los abrazos y todas esas cosas que ella ya había olvidado y cuando salí las dejé en la puerta, por si un día las viene a buscar.
Yo la espero todos los días un poquito, a ver si deja la cobardía de lado y viene a abrazarme como lo hacía antes. Espero a que pregunte cómo estoy antes que yo, que tenga los cojones de pensar para ella, que vea que sigo aquí, no me he ido y no me iría. No me iré.
Pero hoy no vuelvas, porque no estoy.
Moriremos congelados.
jueves, 25 de abril de 2013
Me quiero hermosa, Golondrina.
Es momento de volver a la base, volver al inicio, volver a empezar para mi, por mi, conmigo.
Tengo este puñado de sueños por los que decidí dejar de luchar y hoy, que los tengo de nuevo frente a mi, quisiera llegar a la luna y tragarme el mundo entero, porque sé que de eso soy capaz.
Quise construir una vida, mi vida, nuestra vida, sobre la confusión que traía encima, sobre mis inseguridades, sobre mis miedos, sobre el vacío mismo. Y tú tuviste que cargar con tanto miedo y tanto egocentrismo. Perdí en mi lucha y me apagué. Las estrellas que alguna vez brillaron a mi alrededor se desvanecieron entre tanto polvo, la magia que traía dentro de mi dejó de hacer efecto, mis ojos dejaron de brillar con el salir del sol. Mi pelo se volvió opaco y mi sonrisa se dibujaba tan tenue que parecía no ser real. Y aquí llegamos, al extremo de la realidad, donde no soy capaz de mirarme al espejo y ver el tipo de mujer que soy, ese momento en que dejo de sentirme golondrina porque mi plumas se secaron por dejar de usarlas. Dejé de volar al sol pensando que estaba en él, y todo en mi se marchitó.
Hay tantos cambios que hacer en mi vida, pero voy a partir por mi, voy a partir por quererme a mi. Porque antes que lo hacía fue cuando descubrí que le cielo era infinito y en él infinita me sentía yo. Pues yo también soy infinita, yo soy Golondrina que vuela entre las nubes y se pierde, pero siempre encuentra el camino. Me perdí. Me encontré. Quiero seguir. Quiero volar. Seré feliz, sin importar lo que pase, seré la mujer que hace mucho tiempo dejé de ver cada mañana. No importa la ropa que use, no importan los kilos de más. Seré la mujer maravillosa que alguna vez conociste. No por ti. Porque yo no era feliz por ti antes de conocerte. Era feliz poque quería ser feliz. Y ahora que me doy cuenta de cuánta falta me hace esa felicidad la quiero conmigo de nuevo. Lo haré una y mil veces, por sentirme la persona más capaz del planeta, porque lo soy. Por sentir que puedo llegar al sol y acampar en él si quisiera, porque la luna y las estrellas me guíen cada noche. Volveré a sonreír sin explicación y haré que todos a mi alrededor lo hagan. No sé cómo. No sé por qué. Solo porque quiero hacer.
No es fácil ser feliz, para nada... Pero cómo no serlo si me encuentro con sorpresas como esta:
PS: No me rendiré, ni hoy, ni nunca. Yo te cuido.
Tengo este puñado de sueños por los que decidí dejar de luchar y hoy, que los tengo de nuevo frente a mi, quisiera llegar a la luna y tragarme el mundo entero, porque sé que de eso soy capaz.
Quise construir una vida, mi vida, nuestra vida, sobre la confusión que traía encima, sobre mis inseguridades, sobre mis miedos, sobre el vacío mismo. Y tú tuviste que cargar con tanto miedo y tanto egocentrismo. Perdí en mi lucha y me apagué. Las estrellas que alguna vez brillaron a mi alrededor se desvanecieron entre tanto polvo, la magia que traía dentro de mi dejó de hacer efecto, mis ojos dejaron de brillar con el salir del sol. Mi pelo se volvió opaco y mi sonrisa se dibujaba tan tenue que parecía no ser real. Y aquí llegamos, al extremo de la realidad, donde no soy capaz de mirarme al espejo y ver el tipo de mujer que soy, ese momento en que dejo de sentirme golondrina porque mi plumas se secaron por dejar de usarlas. Dejé de volar al sol pensando que estaba en él, y todo en mi se marchitó.
Hay tantos cambios que hacer en mi vida, pero voy a partir por mi, voy a partir por quererme a mi. Porque antes que lo hacía fue cuando descubrí que le cielo era infinito y en él infinita me sentía yo. Pues yo también soy infinita, yo soy Golondrina que vuela entre las nubes y se pierde, pero siempre encuentra el camino. Me perdí. Me encontré. Quiero seguir. Quiero volar. Seré feliz, sin importar lo que pase, seré la mujer que hace mucho tiempo dejé de ver cada mañana. No importa la ropa que use, no importan los kilos de más. Seré la mujer maravillosa que alguna vez conociste. No por ti. Porque yo no era feliz por ti antes de conocerte. Era feliz poque quería ser feliz. Y ahora que me doy cuenta de cuánta falta me hace esa felicidad la quiero conmigo de nuevo. Lo haré una y mil veces, por sentirme la persona más capaz del planeta, porque lo soy. Por sentir que puedo llegar al sol y acampar en él si quisiera, porque la luna y las estrellas me guíen cada noche. Volveré a sonreír sin explicación y haré que todos a mi alrededor lo hagan. No sé cómo. No sé por qué. Solo porque quiero hacer.
No es fácil ser feliz, para nada... Pero cómo no serlo si me encuentro con sorpresas como esta:
| Mi monito galón. |
PS: No me rendiré, ni hoy, ni nunca. Yo te cuido.
martes, 9 de octubre de 2012
domingo, 30 de septiembre de 2012
Un paso detrás de otro sus pies se balanceaban al compás de su corazón. Golpeaban el suelo de tal manera que podrían haber machacado uvas para servirle el vino al día siguiente -o en cincuenta años más. Sus zapatillas negras se quejaban del apuro y del áspero alfalto. No había descanso. Las suelas gastadas, la lona desteñida, los cordones desatados cada veinte minutos. Todo era un juego zigzagueante. Un oleaje de placeres y temores. Sus pies se movían tensos y seguros, uno detrás de otro. Bailaban tango, o algo parecido. Acariciaban el viento y zapateaban al andar.
No había rumbo, nunca lo había.
Las hebras de su cabello se abrían paso justo cuando empieza su cara. Un flequillo delicadamente cortado con navaja nueva que dejaban ver sus pupilas y sus enormes ojos verdes. Verde pasto, verde musgo, verde tulipán, verde cielo, verde... verde. Verde. Las margaritas en sus mejillas y sus pecas distraían de los frenillos que se entrelazaban con sus dientes. Las puntas perfectamente cortadas rozaban sus hombros y se columpiaban al andar, ondeaban al girar y brillaban incandescentemente con la luna.
Sus caderas diminutas ondeaban profundas en su caminar. Viajaban en cada vuelta. Iban y venían en fracciones de segundo. Hacían que su espalda se viera tan pequeña y larga como era.
El camino que se hacía en medio de su espalda suave. El relieve del sendero eran una a una sus vértebras sobresalientes. Y en lo alto, justo detrás de la punta de su cabello había una pequeña luna, minúscula luna menguante que contenía sus ideas, emociones y angustias.
Sus pies, su cabello, sus caderas, sus vértebras y su luna andaban en línea recta, sin rumbo, con ritmo atópico e ininterrumpido.
Su cara lucía una coma, una línea delicada entre sus cejas. Era el sol y los mil pensamientos que rondaban su cabeza. Las ganas de amarrarla a las vías del tren y matarla, quizás.
----o----
Su ritmo incesante me ponía nerviosa. Lo odio terriblemente. Siempre termino por ver su espalda alejarse. Siempre termino por vociferar su nombre rogando que de la vuelta o al menos que pare. Preferiría que pare porque su cara siempre evoca un "te odio" que no quiero imaginarme. Siempre veo sus pies golpear la tierra tan fuerte, sus manos caer a los costados y su espalda... su triste y solitaria espalda.
Podría quedarme mil veces mirándola ir. Ver como bailan sus piés, como danza su melena brillante que deja, a veces, ver un poquito de su luna, nuestra luna. Veo cómo sus vértebras se acomodan en cada paso, como sus caderas ondean complacientes un poco más abajo de la mitad de su cuerpo. Podría quedarme mirando en cámara lenta como me ignora y se va, pero no puedo. No soporto ver cómo esa cintura se aleja sin mis manos al rededor. Ni ver su cara odiándome sin una caricia. Ni sus labios sin un beso.
Cuando la distancia fue la menos próxima soportable mis pies sin acusar permiso comenzaron a caminar tras ella. Mi voz gritaba su nombre, pero ella no hacía nada, quizás nunca estuve gritando. Mis rodillas, con todo el peso encima, se movieron rápido y terminamos, yo y mo cuerpo, por comenzar un trote lento. En cinco segundo me encontraba a un solo paso de ella, mientras ella seguía ignorándome. En mi imaginación vi cómo mis manos recorrían su circular y perfecta cintura y en un movimiento táctico y casi armónico se da vuelta para gritarme. Yo la beso sin escucharla, sin escucharme tampoco. Cierro sus labios con los mios de la más húmeda y tierna manera que conozco. Pero no pude, se me había arrancado un paso más allá en lo que me demoré en crear este lindo final en mi cabeza. Dije su nombre una vez más y esta vez me aseguré de que fuera en voz alta, bien alta. Pero nada. Pasos. Pasos. Pasos.
Recuperé el aliento y me quedé viéndola. Su espalda, sus caderas, su luna, nuestra luna. La vi ir esperando que volviera. La vi marchar camino al infinito. Y yo decidí esperarla. Me senté sobre en el asfalto tibio hasta que cayó el sol. La luna me contó que había llegado bien, pero que todavía no se acordaba de mi. Los perros me contaron que comió jalea en la noche y se tomó un té. Que se quedó dormida en el living y con el televisor encendido. A las 12 le pregunté al sol si ya había despertado, pero ella no le había dejado entrar en la casa.
Yo la sigo esperando. Sé que estaré cuando vuelva, así pase un siglo, o uno y medio. Sé que estaré cuando vuelva. Porque no importa cuántas veces se marche mostrándome su espalda. Su sonrisa es mucho más encantadora.
No había rumbo, nunca lo había.
Las hebras de su cabello se abrían paso justo cuando empieza su cara. Un flequillo delicadamente cortado con navaja nueva que dejaban ver sus pupilas y sus enormes ojos verdes. Verde pasto, verde musgo, verde tulipán, verde cielo, verde... verde. Verde. Las margaritas en sus mejillas y sus pecas distraían de los frenillos que se entrelazaban con sus dientes. Las puntas perfectamente cortadas rozaban sus hombros y se columpiaban al andar, ondeaban al girar y brillaban incandescentemente con la luna.
Sus caderas diminutas ondeaban profundas en su caminar. Viajaban en cada vuelta. Iban y venían en fracciones de segundo. Hacían que su espalda se viera tan pequeña y larga como era.
El camino que se hacía en medio de su espalda suave. El relieve del sendero eran una a una sus vértebras sobresalientes. Y en lo alto, justo detrás de la punta de su cabello había una pequeña luna, minúscula luna menguante que contenía sus ideas, emociones y angustias.
Sus pies, su cabello, sus caderas, sus vértebras y su luna andaban en línea recta, sin rumbo, con ritmo atópico e ininterrumpido.
Su cara lucía una coma, una línea delicada entre sus cejas. Era el sol y los mil pensamientos que rondaban su cabeza. Las ganas de amarrarla a las vías del tren y matarla, quizás.
----o----
Su ritmo incesante me ponía nerviosa. Lo odio terriblemente. Siempre termino por ver su espalda alejarse. Siempre termino por vociferar su nombre rogando que de la vuelta o al menos que pare. Preferiría que pare porque su cara siempre evoca un "te odio" que no quiero imaginarme. Siempre veo sus pies golpear la tierra tan fuerte, sus manos caer a los costados y su espalda... su triste y solitaria espalda.
Podría quedarme mil veces mirándola ir. Ver como bailan sus piés, como danza su melena brillante que deja, a veces, ver un poquito de su luna, nuestra luna. Veo cómo sus vértebras se acomodan en cada paso, como sus caderas ondean complacientes un poco más abajo de la mitad de su cuerpo. Podría quedarme mirando en cámara lenta como me ignora y se va, pero no puedo. No soporto ver cómo esa cintura se aleja sin mis manos al rededor. Ni ver su cara odiándome sin una caricia. Ni sus labios sin un beso.
Cuando la distancia fue la menos próxima soportable mis pies sin acusar permiso comenzaron a caminar tras ella. Mi voz gritaba su nombre, pero ella no hacía nada, quizás nunca estuve gritando. Mis rodillas, con todo el peso encima, se movieron rápido y terminamos, yo y mo cuerpo, por comenzar un trote lento. En cinco segundo me encontraba a un solo paso de ella, mientras ella seguía ignorándome. En mi imaginación vi cómo mis manos recorrían su circular y perfecta cintura y en un movimiento táctico y casi armónico se da vuelta para gritarme. Yo la beso sin escucharla, sin escucharme tampoco. Cierro sus labios con los mios de la más húmeda y tierna manera que conozco. Pero no pude, se me había arrancado un paso más allá en lo que me demoré en crear este lindo final en mi cabeza. Dije su nombre una vez más y esta vez me aseguré de que fuera en voz alta, bien alta. Pero nada. Pasos. Pasos. Pasos.
Recuperé el aliento y me quedé viéndola. Su espalda, sus caderas, su luna, nuestra luna. La vi ir esperando que volviera. La vi marchar camino al infinito. Y yo decidí esperarla. Me senté sobre en el asfalto tibio hasta que cayó el sol. La luna me contó que había llegado bien, pero que todavía no se acordaba de mi. Los perros me contaron que comió jalea en la noche y se tomó un té. Que se quedó dormida en el living y con el televisor encendido. A las 12 le pregunté al sol si ya había despertado, pero ella no le había dejado entrar en la casa.
Yo la sigo esperando. Sé que estaré cuando vuelva, así pase un siglo, o uno y medio. Sé que estaré cuando vuelva. Porque no importa cuántas veces se marche mostrándome su espalda. Su sonrisa es mucho más encantadora.
martes, 21 de febrero de 2012
hshwhzha agh!
Se supone que soy una persona inteligente y que tengo dones. A la mierda, soy un extraterreste podrido que ha vivido ochocientos años mirando cómo crece la maleza junto a mis árboles. Tengo las capacidades suficientes para hacer lo que quisiera y aquí estoy y de mi vida no he logrado nada más que seguir hundida en mi bebida de fantasía sin dar un paso fuera de orbita. Estoy cagada de miedo y sigo bloqueada, parada frente al inmenso mar que me espera y yo aquí sin saber nadar. Me puedo ir a la mierda y perderme en el desierto y comer hiedra venenosa y seguiría congelada sin poder mover mis pies.
Cuándo fue la última vez que tenía tantas ganas de hacer algo y al mismo tiempo miedo de todo lo que eao significa... Creo que fue cuando empecé a tocar flauta. Nunca me sentí, incluso aún no me siento lo suficientemente buena para hacerlo.
Sí, así se siente.
Cuándo fue la última vez que tenía tantas ganas de hacer algo y al mismo tiempo miedo de todo lo que eao significa... Creo que fue cuando empecé a tocar flauta. Nunca me sentí, incluso aún no me siento lo suficientemente buena para hacerlo.
Sí, así se siente.
viernes, 27 de enero de 2012
Mi irracional declaración de amor
Qué.
Que irracionalidad la mia de pensarte mia. De quererte mia todo y toda mia. De dedicarte mil canciones y poemas malheridos. De dibujar con mis yemas la silueta juguetona de tu espalda. De pensarte mia y mia. De querer juntar los días y las semanas y construir un castillo que jamás nos destruya.
Que irracionalidad la mia de recordarte mia. De tenerte a mi lado con las rodillas entrelazadas. De escucharte murmurar en la noche y apoyar en mi tu cabeza. De alborotar el color de tus ojos cuando me ves más tuya que el día anterior.
Que irracionalidad la mia de extrañarte como te extraño. De quererte como te quiero. De escribirte como te escribo. Mi océano a medio sol que se mueve complacido por las seis de la tarde y se menea sin cesar seduciendo a mis pupilas. Que paz la de sentirte respirar los segundos sobre mi cuerpo. Ver como tus pecas se caen una a una sobre mis hombros y robármelas en una escena de celos porque tú sí eres maravillosa.
Que irracionalidad la mia de contarte los placeres y escribirte en los andares. Tomar tu mano para sentirte lo menos lejos posible y extrañarte cuando los minutos tiemblan en mi reloj. Que ganas de volver a sentirte quejumbrosa entre las sábanas, peleando contra los dioses, las mermeladas de miel, los pasteles y los sueños de dragones y princesas feas.
Que irracionalidad la mia la de escribirte sin nombrarte, de hablarte sin que estés. Son tu ojos mi ataúd y tu espalda mi camilla. Llévame a cultivar entre tus piernas el rosal de mi destierro. Déjame deshojar mis pensamientos en tu cabello y perder la compostura con elegante discimulo.
Cómo te canto si al dormir soy crisálida que despierta para amarte una vez más. Cómo acaricio tus entrañas y te llevo lejos, más lejos... aún más lejos. Lejos. Cómo te escucho y te sostengo y te retengo.
Que irracionalidad la mia esta de amarte sin recelo y la de besarte sin censuras y de tocarte sin excusas.
Que irracionalidad la mia la de acunarte entre mis venas y entibiarte el lecho frío.
Que irracionalidad la mia la de prestarte mi vida entera para extasiarme de tu compañía.
domingo, 22 de enero de 2012
Un suspiro
No te asustes, no te pierdas, no desvaríes en el infinito pensando en un pasado que vuelve con el vaivén de las historias.
La marea sube hasta tragarnos los pies, las piernas, las lágrimas y el pesar de nuestra historia. El cuerpo se aliviana y te lleva más allá. Te conviertes en una coma en la vida de alguien, una foto, un cuento... Un recuerdo.
Pero sigues ahí con tu dolor, sigues inmerso en un problema minúsculo que fue creciendo paso a paso dentro de ti. Un cáncer que no se diagnostica sino que se siente. Sientes como quema tu emociones, tus palabras y tras cada mirada se esconde ese deseo: de acabar, de terminar, que de ser una coma... un suspiro.
Y a tu lado no hay nada que lo impida, solo nos falta coraje para hacerlo. Saltar, cortar, correr... arrancarle el sentido al minuto y seguir caminando ya sin latidos, sin oxígeno y sin pesares.
Cómo sé que no hay pesares, si aún al pensarlo y al desaparecer los siento...?
Los segundos siguen pasando y las ideas no se van. Un salto y termina todo. Ves la escena como yo la veo? ves las cortinas que danzan despacio con el viento...? ves los platos sucios...? ves la luna y sus nubes que toman té en lo más alto del cielo y las estrellas que cantan baladas románticas para ellos...? Ves mi cara... ves el dolor en mis brazos... vez el miedo en mis ojos...? me ves de pie en un balcón a dos mil metros de altura... ?
...
Yo me vi. Y también te vi entrar por la puerta con las compras de la semana, con una sonrisa. Antes de mirarme dijiste "Monita, llegué..." Y tus ojos me miraron fijo y yo segui llorando, con las rodillas tensas y las piernas endebles... Me cai.
Me cai sobre tus brazos.
Esto se trata de elegir. No te sientas única, todos lo hemos pensado alguna vez... Qué pasaría si... ?
La diferencia está en elegir bien. Años atrás tú optaste este camino, yo también, y sin quererlo justo antes de llegar al resto de nuestras vidas nos cruzamos.
Conozco mi historia y conozco la tuya, entiendo lo que sientes porque también lo he sentido.
Los recuerdos, buenos o malos, los llevarás siempre... y sonrío al pensar que no serás tú uno de ellos.
La marea sube hasta tragarnos los pies, las piernas, las lágrimas y el pesar de nuestra historia. El cuerpo se aliviana y te lleva más allá. Te conviertes en una coma en la vida de alguien, una foto, un cuento... Un recuerdo.
Pero sigues ahí con tu dolor, sigues inmerso en un problema minúsculo que fue creciendo paso a paso dentro de ti. Un cáncer que no se diagnostica sino que se siente. Sientes como quema tu emociones, tus palabras y tras cada mirada se esconde ese deseo: de acabar, de terminar, que de ser una coma... un suspiro.
Y a tu lado no hay nada que lo impida, solo nos falta coraje para hacerlo. Saltar, cortar, correr... arrancarle el sentido al minuto y seguir caminando ya sin latidos, sin oxígeno y sin pesares.
Cómo sé que no hay pesares, si aún al pensarlo y al desaparecer los siento...?
Los segundos siguen pasando y las ideas no se van. Un salto y termina todo. Ves la escena como yo la veo? ves las cortinas que danzan despacio con el viento...? ves los platos sucios...? ves la luna y sus nubes que toman té en lo más alto del cielo y las estrellas que cantan baladas románticas para ellos...? Ves mi cara... ves el dolor en mis brazos... vez el miedo en mis ojos...? me ves de pie en un balcón a dos mil metros de altura... ?
...
Yo me vi. Y también te vi entrar por la puerta con las compras de la semana, con una sonrisa. Antes de mirarme dijiste "Monita, llegué..." Y tus ojos me miraron fijo y yo segui llorando, con las rodillas tensas y las piernas endebles... Me cai.
Me cai sobre tus brazos.
Esto se trata de elegir. No te sientas única, todos lo hemos pensado alguna vez... Qué pasaría si... ?
La diferencia está en elegir bien. Años atrás tú optaste este camino, yo también, y sin quererlo justo antes de llegar al resto de nuestras vidas nos cruzamos.
Conozco mi historia y conozco la tuya, entiendo lo que sientes porque también lo he sentido.
Los recuerdos, buenos o malos, los llevarás siempre... y sonrío al pensar que no serás tú uno de ellos.
sábado, 7 de enero de 2012
viernes, 16 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
tú
Eres tan pequeña cuando te duermes en mi pecho, tan eterna, tan serena y hermosa. Eres todo lo que mi cida necesita y necesitó, quien llena cada parte de mi, quien hace de un segundo una eternidad de universos paralelos tan solo para las dos.
tan pequeña al escucaete respira, al sentir tu piel tibia y ver tus ojos cerrados que imaginan una vida de reales nubes, reales casas, reales perros y reales hijos. un horizonte que se dibuje más allá de tus músxulos cansados que reposan junto a mi.
Es heemoso sentirte dormida sobre mi cuerpo, tan pequeña y mia como nunca te atreverías a dexir.
Te amo y amo tu corazón que bombea fuerte confra mi.
te robé el celular... cpsas como esto no se escriben otro día, simplemente no podía esperar.
PS: me encanta cómo escribí todo mal por hacerte cadiño y tratar de escribir al mismo tiempo torpemente.
tan pequeña al escucaete respira, al sentir tu piel tibia y ver tus ojos cerrados que imaginan una vida de reales nubes, reales casas, reales perros y reales hijos. un horizonte que se dibuje más allá de tus músxulos cansados que reposan junto a mi.
Es heemoso sentirte dormida sobre mi cuerpo, tan pequeña y mia como nunca te atreverías a dexir.
Te amo y amo tu corazón que bombea fuerte confra mi.
te robé el celular... cpsas como esto no se escriben otro día, simplemente no podía esperar.
PS: me encanta cómo escribí todo mal por hacerte cadiño y tratar de escribir al mismo tiempo torpemente.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
